Técnicas psicológicas para controlar la ira y la agresividad

 En blog, Educación emocional

El enfado no expresado o expresado con demasiada intensidad trae consigo muchas y variadas consecuencias negativas.

Desde baja autoestima, culpa, problemas con las relaciones personales, lesiones a los demás o hacia uno/a mismo/a, hasta diferentes problemas legales o laborales en casos más extremos.

 ¿Qué es la Ira?

El enfado es una energía interna que surge para dar respuesta a diferentes situaciones que podemos vivir y que nos producen tensión, malestar o frustración. Si bien es cierto que no todas las personas respondemos de la misma manera ante este tipo de situaciones.

Se encuentra además entre las cinco emociones básicas (tristeza, miedo, alegría, ira y asco).

La ira sería el resultado de un enfado fuera de control, y conlleva una alta activación a nivel fisiológico que nos prepararía para hacerle frente a una situación que consideramos amenazante.

Será bueno para nosotros, como seres humanos adultos, aceptar que no siempre conseguiremos lo que deseamos y aprender a gestionar el deseo de que todo sea “ya”.

Si muchas veces te cuesta gestionar la rabia, explotas con facilidad,  o  la frustración se hace te  muchas veces insoportable, puede que debas empezar a plantearte trabajar seriamente en ello.

El control de impulsos es un proceso que implica esfuerzo y práctica, por lo que asumirlo como una habilidad que puedes ir adquiriendo de forma progresiva, te ayudará en ese camino.

Descubre las mejores técnicas psicológicas para ello:

Cómo controlar la agresividad por medio de técnicas psicológicas

  • TÉCNICAS DE RELAJACIÓN. Te serán de mucha utilidad para reducir tu ansiedad y los niveles de activación de tu cuerpo. Aprender sencillas técnicas de relajación pueden ser más útiles de lo que imaginas.

No hace falta que seas un/a experto, cierto dominio de la respiración diafragmática practicada a diario sobre todo e inicialmente en momentos de tranquilidad, es una herramienta que puedes llevarte a todos lados y te ayudará a reducir tus niveles de activación en cuestión de segundos. Prometo escribir un post pronto sobre este tipo de respiración tan útil e importante.

  • TOMATE UN POCO DE TIEMPO Y DISTANCIA para permitir que tu activación baje y ese enfado se “enfríe” un poco. Eso te permitirá ser capaz de decidir cómo quieres reaccionar realmente. Aléjate del estímulo que en ese momento haya disparado tu enfado y aprovecha por ejemplo para hacer unas respiraciones.
  • TOMA CONSCIENCIA DE TU DIÁLOGO INTERIOR. Observar y replantearte aspectos como el cómo te hablas a tí mismo/a o cómo te explicas lo que hace la otra persona o la situación, pueden llevarte a verlo todo con más perspectiva y ser capaz de expresar tu enfado de un modo más asertivo.

Al fin y al cabo se trata de ser más habilidosos en solucionar los conflictos sin que “nos pierdan las formas”.

  • APRENDE A EXPRESAR TU ENFADO, pues no se trata tampoco de que reprimas aquello que te haya molestado. Aprender a exteriorizar lo que sientes sin agredir es justo lo que te enseñan las técnicas asertivas.
  • HAZ ALGO DE ACTIVIDAD FÍSICA. Aunque no parece tener una relación con la resolución de los conflictos, es una excelente manera de liberar las tensiones y el exceso de activación de un modo saludable.

Estas son solo algunas de las estrategias que te permitirán ir aprendiendo a gestionar  mejor tu enfado.

Recuerda que el objetivo no será en ningún caso eliminarlo, pues es una emoción con una función necesaria en nuestras vidas. Nos ayuda a defendernos.

La meta es que aprendas a identificar las señales de esta emoción, interpretarlas de otro modo y aprender a manifestar el enfado de modo más adaptativo.

Finalmente, si te cuesta mucho gestionarlo, y este hecho te causa problemas en las relaciones con las demás personas, les hace daño a personas que quieres,  o te genera malestar, los profesionales de la psicología estamos para ayudarte.

¿Hablamos? Puedo ayudarte.

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