Cómo nos engaña nuestra mente durante la pandemia

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¿Sabías que nuestro cerebro actúa muchas veces basándose en su experiencia y/o conocimientos anteriores más que en datos objetivos de la situación que en ese momento tiene realmente delante? Es como un modo de funcionamiento en “automático”, una forma de ahorro de energía…

No cabe duda de que en muchas ocasiones resulta sumamente útil, dado que evidentemente hay ocasiones en nuestro día a día en las que no podemos estar repasando concienzudamente cada una de nuestras impresiones, decisiones o ideas.

Funciona como un modo de decisión rápido, que nos lleva a responder o concluir según lo primero que nos viene a la cabeza, sin elaborarlo demasiado, a hacer “juicios rápidos”.

Esto nos lleva, por ejemplo, a “etiquetar” a personas que acabamos de conocer en base a una serie de características que nos resultan más salientes o significativas a las que le damos significado en función de nuestra historia de aprendizajes y/o experiencias anteriores.

Lo hacemos echando mano de excesivas generalizaciones, con poca o ninguna experiencia directa al respecto, elaborando juicios (prejuicios), basándonos en ideas preestablecidas, etc.

Esto también nos ocurre cuando estamos inmersos en situaciones en las que debemos responder en medio de un estado emocional intenso que no nos permite ver las cosas con suficiente claridad. Tal es el caso de la situación que estamos viviendo en la actualidad.

Algo así pudo sucedernos en muchas ocasiones durante este tiempo de pandemia por el coronavirus, sobre todo en los momentos en los que nos sintiéramos desbordados o abrumados por la ansiedad o el miedo, cosa que es posible que todavía pueda ocurrirte.

El engaño de la mente durante la pandemia por el coronavirus

Entonces, ¿nos estamos engañando durante el confinamiento?

Lo cierto es que la situación nos sobrevino de forma precipitada, sucedió prácticamente de un día para otro, sin apenas darnos tiempo para pensar demasiado sobre ello y, por supuesto, sin apenas tiempo para asimilarlo.  Digamos que, tuvimos que asumirlo al instante y, simplemente actuar…

Hay ocasiones en nuestras vidas en las que tomamos decisiones excesivamente influenciados por el miedo y la ansiedad, y como hemos visto, bajo estados emocionalmente intensos nuestra mente no nos deja pensar por claridad, con lo que corremos el riesgo de cometer errores o actuar de modo excesivamente impulsivo. Y quizás luego arrepentirnos.

Pero la buena noticia es que el ser humano tiene capacidad para evitar caer en este exceso de impulsividad, de ser capaz de comportarse de un modo más reflexivo y crear un “espacio” entre la circunstancia y nuestra reacción, donde poder decidir mejor y de forma más consciente.

En el fondo se tratará de prestar mayor atención para evitar actuar en esas ocasiones de forma automática, teniendo presente además el modo en el que se comporta nuestra mente y cuáles son sus trampas y sus limitaciones.

Para ello debemos aprender a calmar nuestra mente en algunos de esos estados emocionales intensos, para que no nos afecte negativamente y poder “ver con mayor claridad”.

Sin duda esta habilidad nos permitirá cuidarnos más y mejor, además de permitirnos tomar mejores decisiones en nuestras vidas.

Este en un trabajo que las personas podemos realizar nosotras mismas, pudiendo buscar la ayuda de un profesional de la psicología si consideramos que nos faltan recursos o estrategias para ello.

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