Cómo manejar el miedo a empezar la universidad

 En blog, Gestión del estrés

Todo cambio es trabajoso, aunque sea para mejor. Ser consciente de que estás cerrando una etapa a la par que entras en otra sin saber muy bien a lo que te enfrentas puede dar miedo. El problema surge cuando este miedo nos paraliza o llega al punto de producirnos ansiedad.

En Noelia Psicología te explico algunas cuestiones que te puede venir bien saber.

¿Por qué me da miedo ir a la universidad?

El miedo a ir a la universidad puede ir desde cierta sensación de desagrado ante la asistencia a algunas clases, hasta una auténtica fobia, con una evitación total de todo lo que tenga que ver con la facultad.  Y puede deberse a muchos motivos:

  • Miedo social.
  • Inseguridad al comprender las nuevas dinámicas de la facultad.
  • Sentirse incapaz de hacer frente al nuevo reto y sacar los resultados esperados.

Todo se focaliza en la idea del cambio. Sales de bachillerato donde la estabilidad era algo que caracterizaba a esta etapa y ahora debes adecuarte a actividades nuevas, un sitio y gente nuevos. Esto supone hacer frente a muchos retos emocionales, sociales e intelectuales.

A esto se añade el factor académico. Cambiar de un entorno controlado, en el que la información se ofrece de forma más estructurada, como es en Bachillerato, a un sistema académico completamente nuevo como es la facultad, desconcierta y agobia a muchos estudiantes. Este desconcierto inicial, en personas con baja autoestima, o muy exigentes, puede generar estrés y bloqueo.

Regular las emociones: la mejor forma de lidiar con el miedo

La regulación emocional adaptativa sería aquella que nos ayudará a resolver la situación del modo más adecuado posible, atendiendo no sólo al corto plazo, sino al medio y al largo plazo. También tendría en cuenta toda la información el contexto para tomar la mejor decisión posible, aunque siguen existiendo muchas herramientas de gestión emocional.

Por regla general, las mejores maneras de regularse emocionalmente son:

  • Observar nuestros sentimientos o pensamientos, sin juzgarlos.
  • Etiquetar qué es lo que sentimos.
  • Bajar la intensidad de la emoción para poder pensar con claridad.
  • Actuar en consonancia.

Es cierto que este proceso de detección y actuación puede ser difícil de regular si la gestión emocional que tenemos es insuficiente. Siempre existe una solución para lidiar en función del grado en el que nos encontramos. Tener una rutina que nos asegure momentos de reflexión y de descanso ayuda a la gestión emocional.

Al igual que asegurar momentos para ti, de desconexión de la universidad o crear una hoja de ruta por objetivos personales que poco a poco puedas ir cumplimentando, puede ayudar a hacer más llevadero este proceso.

Al final, esto no es más que otro paso en la etapa del desarrollo personal. Pero si necesitas a alguien que te ayude en ese paso, siempre puedes contar con un especialista que pueda acompañarte y dotarte de recursos y/o estrategias adecuadas para ello.

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